Indio Solari, Hasta Ushuaia en musculosa

No hay vara que mida la pasión y mucho menos existen razones para explicar lo inexplicable. Eso es lo que siento cada vez que me acerco a esta experiencia mágica que es vivir un concierto de Indio Solari.

Piedra que Late dejó a la vista  que lo que voy contar lo viven muchísimas más personas que las 100.000, 120.000 o 150.000 que registran desde hace ya, varios años los matemáticos del amor. ¿Pero a quién le importa la cantidad? Eso es harina de otro costal.

En Mendoza hacia seis meses que no llovía: comerciantes, trabajadores, guías, autóctonos y no tanto, todos me decían: hace 6 meses que no llueve. Y para no fallar a esta sensación extraña y hermosa de sentirnos tan distintos e iguales a la vez, llovió. Si, el 14 de septiembre llovió, llovió agua, llovió agua nieve, llovieron canciones, porque no hay lluvia que pueda contra La Hija del Fletero, El Arte del Buen Comer, Flight, El Tesoro de los Inocentes, Luzbelito, etc etc etc.

Todo comenzó con el arribo al predio. A 50 km de Mendoza capital se encuentra  el distrito de San Martin. Iniciamos por la ruta  40, esa famosa ruta que va de Ushuaia a La Quiaca. Ese mismo asfalto hizo de alfombra roja para todos los que nos acercamos a nuestra misa pagana, a comulgar con el corazón en la mano, a escuchar la palabra que tanto esperamos, porque todo es eso: “la palabra”.

Una vez atravesada parte de la mítica ruta, tomamos por Ruta 7, la que desbordo en canciones, arengas y bandera, dejándonos a unos kilómetros del predio.

Atravesamos estos 50 km y nos acercamos a nuestro objetivo: un campo inconmensurable. De más está describir  los metros cuadrados, porque no tengo idea n de cuanto camine para llegar al predio, mucho menos puedo dar cuenta de cuánto lugar había, tampoco cuantas personas. Llegué, de eso estoy seguro. Al momento de llegar me di cuenta que el futuro ya había llegado, ese momento. Hacía casi cinco meses que estaba esperando ese tesoro inigualable lleno de canciones que desbordan cualquier bandera roja, negra, de lienzo blanco.

Te estuve hablando de la palabra. La poesía de Solari es única, irrepetible, personal y con el correr del tiempo, cada vez más fina, cada vez más rica, como los buenos vinos, cuanto más tiempo en las barricas, más dulces se ponen, listos para tomar en las copas más lindas. Estas palabras son muy bien acompañadas por una Big Band, dignas de asombro,  por la calidad, asombro por la entrega (el frío y el agua nieve entumece) Porque no hubo frío que pueda parar a los dedos de los dos guitar héroes que tienen Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: Gaspar Benegas (actual guitarra líder y productor de Manos de Filippi), Baltasar Comotto (una bomba de tiempo encrestada que supo tocar con Luis Alberto Spinetta y Andrés Calamaro), ambos hicieron lo que quisieron con sus guitarras y con el frío. Marcelo Torres es quien lleva el Groove y quien demuestra cada vez más que es uno de los grandes bajistas del país (también supo integrar una de las bandas míticas de El Flaco : Los Socios del Desierto), Hernán Aramberri y Martín Carrizo en batería se complementan a la perfección y dan a los temas solistas de Indio esa fuerza y empuje percusivo que los caracteriza, Pablo Sbaraglia en teclas, guitarras y coros es una especie de jugador número cinco que se despliega por toda la cancha , a veces volviéndose un 10 , distribuyendo acordes y movimientos en escena. Un párrafo aparte para la sesión de vientos: Miguel Ángel Tallarita y Sergio Colombo son viejos conocidos del ambiente reggae de nuestra tierra (Dancing Mood, Natty Combo, Pericos), hacen que los temas de Los Redonditos de Ricota se transformen en un túnel del tiempo constantemente, pero realmente, mi humilde punto de vista destaca plenamente a Sergio: cuerpo y alma de música en vivo.

Deborah Dixon fue quien condujo el panel de coristas que acompañaron a nuestro artista. Solari hizo una mención muy especial sobre ella al momento de despacharse con Blues de la Libertad, alagando los atributos que la ex Blancanblus lleva en su mochila de blues.

Muchas canciones (27 para ser exactos) recorriendo historia y presente, ricota y solitaria, emoción más emoción más emoción. Un Solari verborrágico, notablemente asombrado, rebelde (6-7-8 en vivo y en directo por TN!!), implacable y errático, se despacho con: El pibe de los Astilleros, Jijiji, Divina TV Furer, Yo Caníbal, El rock del Negro Atila, Vino Mariani, Todos a los botes, Ceremonia en la tormenta, Pabellón Séptimo.

Este humilde relator no es objetivo, es por esto que me cuesta un poco recordar la sucesión de temas como se fueron presentando, pero sí recuerdo muy bien que, al momento en que Solari entonaba ese himno tan hermoso que busca reivindicar a todos aquellos que se fueron y que extrañamos “pensando en vos siempre, siempre extrañándote” de “Too beef or not to beef”, las lágrimas no paraban de rodar y, en un intento de salir del ahogo, miré hacia arriba y solo puede maravillarme con el agua nieve que flotaba sobre nuestras cabezas, un tesoro de momento que quedara por siempre bajo llave en el centro de mi pecho.

Que no se acabe nunca es muy utópico, que estés siempre es demasiado ingenuo. Agradezco y agradecemos que  hayas expuesto tus ojos al momento de agradecer la fidelidad de los viajantes. Para cerrar voy a hacer mención a un poeta que escuché mientras estaba volviendo del show con la panza vacía y el corazón contento. Nuestro interlocutor ocasional se despachó con un: “Indio, no hay nada que agradecer, estamos con vos, si es necesario hasta Ushuaia en musculosa”